Aún recuerdo a Charly. Nunca me podría olvidar de su extraño sombrero, y sus ojos color miel. Siempre tenía una expresión divertida en su rostro, y yo no entendía el porqué. Tampoco olvidaría la primera vez que lo encontré sentado en unos de los bancos del parque, mirando las nubes. Entonces me invitaba a sentarme junto a él.
-¿De qué color son las nubes?- Solía preguntarme.
-Blancas.- Le respondía con naturalidad.
-Eso es lo que quieren hacernos creer.- Y luego se quedaba callado, con una expresión de melancolía.
Me gustaba pasar tiempo con él. Me hablaba sobre los pajaritos, sobre el color de los dulces, sobre la risa. Era un hombre realmente extraño, se reía mucho, pero aún así ocupaba la mayor parte del día junto a él. Mamá solía decirme que me alejara de ese “loco”, como ella decía, y luego se iba. Tenía mucho trabajo, siempre estaba ocupada. A papá solo lo veía en las noches, casi siempre volvía con una expresión de cansancio, así que no lo molestaba.
Nunca llegué a entender a los grandes. ¿Qué cosas hacen, para estar siempre tan apurados?
-Mamá está ocupada amor, jugamos luego.- Esa era la respuesta que recibía cada vez que intentaba hablar con mi madre. Poco tiempo después, llegué a acostumbrarme y a convencerme de que todo el mundo tenía algo que hacer, todos estaban ocupados, excepto yo.
Entonces fue ése día en el que lo encontré a Charly. Estaba soleado, pero aún así, él andaba con un abrigo de colores extravagantes. Esa mañana me saludó, y desde ese día comenzamos a hablar.
-¿Tú no estás ocupado?- Le pregunté una tarde.
-¿Ocupado haciendo qué?
-No lo sé. Mamá siempre está haciendo algo, tiene mucho trabajo. Eso es lo que dice.
Él me miraba curioso y luego sonreía.
-Yo no trabajo, solamente suelto globos.
-¿Globos?
-Si. ¿Nunca has soltado un globo?- Me preguntó, sorprendido.
-¿Para qué? En ese caso lo estaría perdiendo, porque no volvería nunca más.
-¿Es que acaso lo quieres tener encerrado?- Me miró frunciendo el ceño. –Los globos son como los pájaros, necesitan volar. Quieren libertad. ¿Te imaginas teniendo todo un cielo para ti, y no poder surcarlos porque alguien te amarra a una cuerda?
Se callaba, y luego volvía a reír.
Pero lo que más me gustaba, era cantar bajito con él. Se sabía muchas canciones, y me las enseñaba en el camino de vuelta a casa.
-Los adultos no pueden cantar, la ambición los deja mudos.- Me dijo una vez. Y yo no le entendí, pero asentí de todos modos.
Pasaron muchos días, tal vez meses. Aprendí muchísimo de Charly. Me acuerdo que en una ocasión, me contó que le gustaba mucho viajar. Tal vez se haya ido de viaje, porque no lo vi más. Dejó de aparecer sentado en los bancos de los parques, en donde nos sentábamos a hablar cada tarde. O tal vez, encontró un globo aerostático y se alejó volando.
Sé que a él le gustaba volar.
4 months ago
•
1 note